Nubarrones en el horizonte de la colonia militar de Gibraltar.

Hace unos quince años, las entradas en Gibraltar de las fragatas y destructores de la Royal Navy (RN) se contaban por docenas; aprovechaban los tránsitos hacia o desde las zonas de operaciones en el Mediterráneo o en Oriente para hacer escala en Gibraltar; otras veces, se pasaban largas temporadas en las zonas de ejercicios del mar de Alborán que consideraban suyas. Su lista oficial de buques tenía entonces 31 unidades de este tipo. En 2018 se redujo a 19 unidades y sólo hubo 8 entradas.

Ahora, además de sufrir las consecuencias de la disminución de buques de la RN, tanto ésta como  Gibraltar van a verse afectados por las decisiones que tomó el gobierno británico hace ya unos años, agravadas por el Brexit.

En 2007, el ministerio de Defensa (MoD) británico sufrió una reducción presupuestaria que llevó a los militares a replantearse su presencia en el Peñón, lo que causó gran preocupación en la colonia. Uno de los puntos del acuerdo al que llegaron para evitar la retirada fue que el gobierno local se haría cargo de varios centenares de trabajadores que hasta entonces dependían del MoD y también, que se haría la transferencia a las autoridades del territorio de las instalaciones logísticas que no fuesen puramente militares como la central térmica, la red de distribución eléctrica, las potabilizadoras de agua del mar y su red de distribución, el almacenamiento y distribución del combustible, talleres etc. Incluso los gastos del aeródromo de la RAF serían compartidos entre el gobierno local y los militares. La permanencia del Reino Unido (RU) y de España en la Unión Europea(UE) permitía el enriquecimiento de Gibraltar.Actualmente los británicos pagan  los consumos pero no las instalaciones industriales, lo que supone para el MoD el ahorro de un gasto importante, a pagar por Gibraltar. El coste anual de la base es de unos 70 millones de libras, salarios incluidos.

En 2018 los buques de la RN ya no hacen tantas escalas como antes. Se ha reducido su presencia en los mares y ya apenas se les ve por el de Alborán: alguna fragata y submarinos de propulsión nuclear averiados o haciendo ejercicios, alguno catastrófico.

Tantos años como «base imprescindible para la defensa de Occidente» y ahora se ven dedicados principalmente a la Inteligencia acústica submarina y al espionaje telefónico y radio. Se comprende la desazón que se cierne sobre Gibraltar cuando ven pasar de largo a los barcos de guerra frente a punta Europa, incluso británicos que entran en Málaga en vez de hacerlo en el Peñón; ya conocemos el desorbitado nivel de irritación al que llegan si se trata de barcos rusos que entran en Ceuta.

El caso es que en 2007, el MoD decidió poner el futuro de la base en manos de la economía local y ahora, por la muy democrática decisión del pueblo británico, el RU está a punto de abandonar la UE, arrastrando a Gibraltar.

No parece que el futuro de la economía británica se presente muy brillante por las consecuencias del Brexit. Si llega a ocurrir, tendrán que «reajustar» sus gastos, incluidos los de Defensa. Pero es que peor le va a ir a su colonia, por mucho que los dirigentes políticos locales traten de animar a la población, aterrorizada por su dependencia de España y de la fluidez del tránsito por la verja para las personas, los bienes y los servicios.

Hoy por hoy, la economía de Gibraltar se basa en lo que denominan «centro financiero», el turismo, las apuestas on-line, el tabaco y el aprovisionamiento de buques. Todos ellos están subordinados a las condiciones impuestas por la UE pero además, tanto la subsistencia de la población local como los cuatro primeros citados dependen en gran medida del tránsito por la verja, especialmente en lo que se refiere al personal que trabaja en esos pilares de la economía. El abastecimiento local de víveres, medicinas, material de construcción etc., podrán hacerlo por barco pero a un coste mayor. Su almacenamiento posterior será otro problema muy serio.

Así pues, lo que hizo el MoD en 2007 fue poner la supervivencia de la base en manos de las autoridades españolas y su capacidad para controlar adecuadamente el tránsito por la verja.

Como es habitual, ya están los colaboradores españoles de Gibraltar clamando por el mantenimiento del paso por la verja en sus condiciones actuales, pase lo que pase con el Brexit. Si le va mal a la economía local, y todo apunta a ello, no tardarán en adelgazar las «nóminas» de esos colaboradores por lo que es de esperar que sus protestas irán decayendo. Incluso es posible que el proceso se acelere una vez perdidos los apoyos con que Gibraltar contaba en Sevilla.

Para proteger sus intereses militares en el Peñón, los británicos incrementan sus contactos bilaterales con los militares españoles y refuerzan su presencia hasta niveles llamativos en los encuentros políticos.

No parece probable que este o cualquier otro gobierno español vaya a esforzarse por asegurar la supervivencia de la base militar dando balones de oxígeno a la economía local, ni siquiera facilitando el libre tránsito por la verja sin control alguno de los sedicentes 8.000 trabajadores españoles convertidos en rehenes por Gibraltar. El tránsito por la verja, lo quieran o no, tendrá que ser de acuerdo con los tratados firmados por España con la UE.

Cuando la economía de Gibraltar esté en los niveles previos a la entrada de España en la UE será el momento de preguntarse hasta qué punto el contribuyente británico está dispuesto a sufragar esta base militar para tan poca presencia naval. Y subvencionar a la población, que los fines de semana sale «huyendo» a Sotogrande etc., y que sirve como excusa para justificar la presencia británica como Potencia Administradora. Todo ello por mucha Inteligencia que se obtenga desde el Peñón y mucho control del tránsito de submarinos por el Estrecho que, no lo olvidemos, hacen con la ayuda de los norteamericanos.

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